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El PVC, producto de gran desarrollo industrial y comercial, ha alcanzado un nivel de utilización difícilmente igualable por otros materiales, lo cual, como suele suceder ha traído consigo las críticas y mitos más variados.
La industria del PVC, desde 1970, ha intensificado la incorporación de regulaciones ambientales y de salud ocupacional, asegurando la producción de resinas de PVC, que son utilizadas para numerosas aplicaciones, algunas de las cuales están relacionadas directamente con la salud del ser humano. Como se mencionó anteriormente, si estos productos implicaran algún riesgo, por mínimo que fuera, las autoridades sanitarias de todo el mundo no permitirían que se empleara en estos usos.
Se ha relacionado la generación de dioxinas con la incineración del PVC, que está presente en los residuos sólidos que son incinerados para la recuperación de energía. Numerosos estudios han demostrado que la ausencia o presencia de PVC, aún en cantidades tres veces mayores a las reales, no presenta ningún efecto en la cantidad de dioxinas generadas.
Se ha comprobado que en los últimos 30 años, mientras que ha aumentado más de 3 veces la producción mundial de PVC, la cantidad de las dioxinas en el medio ambiente ha disminuido entre 30 y 80%.
Por último, se ha argumentado que el PVC no es reciclable, nada más apartado de la realidad. Debido a su facilidad de transformación y su gran versatilidad, el reciclado de PVC no es complejo y se ha llevado a cabo prácticamente desde los orígenes de la fabricación de este material y consiste en incorporar a los procesos productivos los recortes industriales en diferentes proporciones, mezclados con material virgen.
El reciclado post-consumo tampoco presenta ninguna dificultad si se cuenta con la colaboración de los consumidores y autoridades. Si los residuos son separados correctamente, se podrán aprovechar mejor los recursos, reduciendo el consumo de materias primas. Por este método se consigue dar una segunda vida al material, transformando lo que era un objeto de PVC en otro producto distinto al original.
Una vez que los productos de PVC agotan su primer vida útil, son transformados en otros, como tubería sanitaria, conexiones y perfiles, dando con esto una solución real a los desechos sólidos, que pasan de una vida útil corta a productos con vida útil mayor de 20 años. Como ejemplo, en México prácticamente se recicla el 100% de los garrafones de PVC, transformándose en los productos antes mencionados.
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